MARACUYÁ

Foto de Boro García, tomada en Benafer (Castellón)

El maracuyá

Esta mañana he salido a dar una vuelta, mi paseo matutino por los alrededores y de paso he visitado el campo de unos amigos en Benafer (Castellón) España y para mi sorpresa me encontré con esta flor y con su fruto, aunque en lugar de color verdoso, era de color rojo anaranjado.
Leyendo en Internet en una página llamada “El cocinillas” contaba esto: Desde siempre hemos oído el nombre de esta fruta tropical, acompañada de un “apellido”: maracuyá, la fruta de la pasión. Pero, ¿por qué la llamamos así? Se produce y crece en América del Sur, en países como Brasil, Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador; y quizás por este motivo no me llamaba la atención su sobrenombre, ya que yo lo achacaba al carácter latino de sus lugares de procedencia.
Pues bien, ayer estaba echando un vistazo a mi twitter y leyendo un poco, cuando me topé con la verdadera causa, muy relacionada con la época del año en la que nos encontramos. Esta fruta tropical –rica en vitamina C y fuente de proteínas, minerales e hidratos de carbono– proviene de la planta homónima, y posee una flor muy llamativa y especial: la pasionaria. Su apariencia es similar a una corona de espinas y los colonizadores españoles al verla, relacionaron sus elementos con los que se usaron en la Crucifixión de Jesús y bautizaron al maracuyá como el “fruto de la Pasión”.
Si indagamos un poquito más, descubrimos que su estructura pentarradial recibió una interpretación teológica. Sus cinco pétalos y cinco sépalos simbolizan diez de los doce apóstoles (todos salvo Judas Iscariote y Pedro), y los cinco estambres representarían los cinco estigmas. Por otro lado, los tres pistilos (de color más oscuro en la parte superior) corresponderían a los tres clavos de la cruz; y por último, la mayoría de sus variedades presenta un color morado o púrpura, tonalidad característica de la Semana Santa cristiana.

Haiku:

En mi camino
flores de la pasión
Amable estío

Alhalil, 28 d’agost 2017

Haibun: Amor de verano

IMG_0879

AMOR DE VERANO

Poco a poco los tenues colores del atardecer se van apagando. Se imponen los grises perlados con la presencia de la luna. Hace calor y las ventanas abiertas de la ciudad, ofrecen un escenario multidisciplinar de decorados. Hace un buen rato que se han marchado las alondras a sus nidos, situados habitualmente bajo el  alero de los tejados y de las cornisas. Ellas anunciaron hace unas horas con su danza del agua, la llegada de las nubes de verano que han dejando una leve y orvallina lluvia, maquillando por unos momentos las calles, sin apenas dejar charcos. Los adoquines de piedra rezuman vapor de agua y las farolas se encienden para reflejar en la húmeda acera las sombras de los edificios y, las siluetas de las personas que transitan por ella. Imperturbables y haciendo caso omiso a una sinfonía de pisadas en la acera, una pareja de enamorados se ha refugiado en el portal, desconectados del mundo que les rodea.
Abrazados, casi sin moverse y dejando escapar algún ligero gemido, se entregan todo el cariño acumulado que sellan con un largo y efusivo beso, mientras  un rosario de luces, imitando a las luciérnagas, despiden con el ocaso otro verano.

HOKKU

Cantan los grillos
Las noches de verano
Besos de adiós.

Alhalil, 24 d’agost 2017