Amapolas

A ambos lados las laderas de las montañas y ruinas abandonadas de las zonas rurales. Hizo un alto en el camino y dejó sus zapatos rotos para coger unos que colgaban de un árbol. Un sentimiento de tristeza recorre su cuerpo al sentir el frio de la tierra. Los arbustos ocultan ropa y artilugios de la guerra. Coge una chaqueta para reponer la suya ya vieja. María suspira. Son reminiscencias del treinta y seis, mientras contempla otro ocaso desde un montículo de la parcela que ambos compraron, observando al sol ponerse por el horizonte de su campo de amapolas.

Taller Literario MAM. Zapatos, sentimiento, tierra, chaqueta y amapolas. Texto con un máximo de 100 palabras.
BoroGarcia/Alhalil 24/11/2020

“La costumbre de relacionar las amapolas con la guerra viene de la época napoleónica, cuando un escritor se percató de que el territorio anegado tras un conflicto se cubría de estas flores en primavera. Durante la Gran Guerra, el teniente coronel John McRae, médico canadiense, escribió el poema En los campos de Flandes, en el que establecía esa misma relación. La composición se hizo célebre y la amapola se convirtió en el emblema de los fallecidos en combate: En los campos de Flandes las amapolas crecen // entre la hilera de cruces, // que marcan nuestro lecho; y en el cielo // las alondras, aún cantan valientemente, el vuelo // es apenas escuchado entre los cañones de abajo… Así, el día del aniversario del armisticio, el 11 de noviembre, los británicos se colocan una amapola -poppy- de papel, en recuerdo de los fallecidos en la Primera Guerra Mundial. Con ella también conmemoran a otros soldados que perdieron la vida en conflictos posteriores, como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de las Malvinas o la Guerra del Golfo. Las poppys son confeccionadas por los veteranos de la guerra y vendidas por representantes de la Real Legión Británica, una organización formada por supervivientes de todas las guerras.

Por su parte, en Somme (Francia) cada primero de julio se arrojan amapolas a un inmenso foso conocido como la Grande Mine. El agujero -de 30 m de profundidad y 100 m de diámetro- lo dejó una mina colocada bajo las líneas alemanas, que estalló a las 7,28 h del 1 de julio de 1916, antes de la ofensiva de infantería que dio inició a la batalla del Somme. En este punto, ese mismo día y a dicha hora se realiza anualmente tan emotiva ceremonia.

En los campos de Flandes
crecen las amapolas.
Fila tras fila
entre las cruces que señalan nuestras tumbas.
Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
escasamente oída por el ruido de los cañones.
Somos los muertos.
Hace pocos días vivíamos,
cantábamos, amábamos y éramos amados.
Ahora yacemos en los campos de Flandes.
Contra el enemigo continuad nuestra lucha,
tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas.
Mantenerla en alto.
Si faltáis a la fe de nosotros muertos,
jamás descansaremos,
aunque florezcan
en los campos de Flandes,
las amapolas.”

Texto de: Muy Interesante

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